Los Incineradores no tienen personalidad ni alma, y el único propósito de su existencia es extender las llamas transmutadoras por toda la creación. No se les puede engañar ni distraer, pues no hay una conciencia que que obnubilar. Tampoco poseen órganos vitales, lo que obliga al atacante a poco menos que despedazar a la bestia para salir triunfante. Tal abominación debería de ser combatida fuera del alcance de sus llamas, siempre que la situación lo permita. Si debes luchar con un Incinerador a corto alcance, asegúrate de que tus golpes sean certeros, pues solo con toda la fuerza de tu arma Némesis podrás abatir al Demonio antes de que sus llamas te condenen.