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  • Relato No Oficial Martillos de Wikia: Tormenta gris
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  • - Ala Términus. Damos otra pasada. - Recibido, Términus. Ala Omega atacando. Las tres Stormtalon dieron media vuelta sobre el tormentoso cielo, recalibrando sus sistemas de puntería asistida. Un relámpago cruzó el cielo, iluminando las tres aeronaves con su destello blanquecino durante un instante antes de que las cañoneras abrieran fuego. Tres chorros anaranjados gemelos surgieron de la formación mientras los cañones de asalto vomitaban sus proyectiles explosivos. El diluvio de muerte hendió un enjambre de Gárgolas de lado a lado, haciendo estallar a las criaturas, cuyos despojos se precipitaban hacia el vacío mientras los proyectiles de las cañoneras reventaban cuerpos enteros por encima suyo.
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  • - Ala Términus. Damos otra pasada. - Recibido, Términus. Ala Omega atacando. Las tres Stormtalon dieron media vuelta sobre el tormentoso cielo, recalibrando sus sistemas de puntería asistida. Un relámpago cruzó el cielo, iluminando las tres aeronaves con su destello blanquecino durante un instante antes de que las cañoneras abrieran fuego. Tres chorros anaranjados gemelos surgieron de la formación mientras los cañones de asalto vomitaban sus proyectiles explosivos. El diluvio de muerte hendió un enjambre de Gárgolas de lado a lado, haciendo estallar a las criaturas, cuyos despojos se precipitaban hacia el vacío mientras los proyectiles de las cañoneras reventaban cuerpos enteros por encima suyo. El Ala Omega tomó posiciones tras el Ala Términus, preparando sus misiles antiblindaje para derribar a los Guerreros Tiránidos alados y a los abotargados Tervigones, que habían mutado en función de las necesidades del Enjambre para aquel mundo, formado por islotes rocosos que flotaban sobre el núcleo del planeta, sostenidos por fuerzas desconocidas. Al no haber tierra firme, el Enjambre había desplegado sólo criaturas voladoras, pero los Martillos de Wikia se habían sorprendido al ver a los gruesos Tervigones avanzar hacia ellos volando, servidos de dos pares de grandes alas quitinosas que sustituían a sus patas delanteras. Contaban también con unas alargadas colas recubiertas de gruesas placas óseas que ocultaban los conductos y esfínteres que alimentaban el cañón de ácido ubicado al final del apéndice. Al unísono, las tres aeronaves del Ala Omega (dos Stormtalon y una Stormraven) dispararon sus misiles, que previamente habían fijado sobre distintos objetivos. Dejando una estela de vapores de expulsión a lo largo del tormentoso cielo, los misiles alcanzaron sus objetivos. Un Tervigón alado se precipitó al vacío cuando uno de sus costados estalló en una nube de pulpa y quitina quemada con un asqueroso sonido húmedo. Tres Guerreros Tiránidos cayeron en rápida sucesión cuando los misiles perforantes los partieron en dos, y un cuarto y un quinto fueron alcanzados por los cañones de asalto del Ala Términus, y sus carcasas repletas de agujeros humeantes cayeron a plomo, destrozadas. Otros dos Tervigones fueron derribados con una mezcla de misiles y balas explosivas de alto calibre. Docenas de Gárgolas murieron durante el intercambio de disparos, ya fuera atravesadas por los disparos o arrastradas por la agonía psíquica de la muerte de las criaturas sinápticas que las habían engendrado. - Ala Términus, conservad munición -Ordenó el Tecnomarine Veltus desde la Stormraven-. Id a apoyar al Capitán Gabian. Ala Omega, protocolos de limpieza. - Recibido, Ala Omega -Comunicó el líder del Ala Términus-. Procedemos. - Que el Emperador mire por vosotros. - Y por vosotros. Con una serie de piruetas para eludir las bocanadas de ácido de las armas alienígenas, las tres cañoneras del Ala Términus se alejaron del combate mientras el Ala Omega combatía al resto de criaturas voladoras con sus cañones de asalto. Los dos servidores de artillería equipados con bólteres pesados y unos voluminosos selectores de objetivos dirigidos por auspex que estaban en el compartimento de pasajeros de la Stormraven abrieron fuego de inmediato cuando la rampa de acceso fue recogida. Descargaban una ráfaga corta y precisa tras otra, mientras sus selectores de objetivos guiaban sus cerebros. Sujetos al suelo por botas magnéticas y las paredes del compartimento de pasajeros mediante abrazaderas mecánicas, el constante movimiento y las acrobacias de la cañonera no les perturbaban lo más mínimo en sus disparos. Hasta que llegó el Guerrero Tiránido. Primero uno de ellos fue alcanzado por un disparo ácido, y su abrazadera fue disuelta en pocos segundos, tras lo que se precipitó al vacío cuando otro disparo le devoró las piernas. Mientras caía, siguió disparando hasta que dejó de tener objetivos cercanos. El segundo servidor fue partido en tres pedazos por las garras del Tiránido, que acto seguido entró en el compartimento de pasajeros, plegando las alas. - Intruso en el compartimento de pasajeros -Informó con voz mecánica el servidor de la torreta. El tecnomarine Veltus insertó una serie de movimientos preprogramados en la consola de mandos y se deshizo de las sujecciones de su asiento. Desactivó el cierre de la compuerta de su cabina y se topó frente a frente con las fauces del Guerrero Tiránido, que rugió. Con el casco y la coraza cubierta de saliva ácida que empezó a quemar su pintura carmesí, Veltus metió su pistola bólter entre las mandíbulas aún abiertas del alienígena y le voló medio cráneo de un disparo. Mientras el cuerpo espasmódico del Tiránido salía por la rampa de acceso al haber dejado de sujetarse, el tecnomarine selló el compartimento de pasajeros y volvió a su asiento. Tomó los mandos y activó el registro sonoro de su casco. - Táctica de servidores artilleros auxiliares fallida. Se desaconseja su uso posterior en combates aéreos. Eficacia en ataques aire-tierra aún por evaluar. Veltus, fin de sesión. + + + + + Prahma 56-78 carecía de biomasa que los Tiránidos pudieran absorber. Era un erial de rocas flotantes, sacudido eternamente por violentas tormentas eléctricas que se extendían por todo el planeta. Tan sólo las instalaciones mineras y de investigación del Adeptus Mechanicus podrían significar un objetivo para el Enjambre, pero Gabian Dengel seguía sin poder comprender el porqué de la invasión. Los informes del Adeptus Administratum señalaban que una especie de grandes reptilianos alados poblaba muchos de los islotes de Prahma. Gabian no había visto uno solo desde que llegó junto a su Escuadra de Mando y la Escuadra Táctica Arxeo. Temía que los Tiránidos hubieran...asimilado a aquellos seres. A falta de un término más exacto. - Capitán. La flota informa de que están entablando combate con los xenos en la órbita del planeta. - Entonces es cuestión de tiempo ya. Avisa a Arxeo, que repliegue a sus hombres hacia el interior de la fortaleza. - ¿Vamos a escondernos, Capitán? - No. Vamos a buscar el artefacto. - Entendido. Más allá de Prahma estaba Macca Agrona, un mundo agrícola con una población de varios millones, repleto de cultivos y macrorranchos de ganado. Las teorías que empezaban a surgir entre los hombres de Dengel apuntaban que Prahma podría ser un alto en el camino antes de ir a por Macca Agrona. No iban a esperar para comprobarlo. Con un gesto, reunió a su Escuadra de Mando frente al gran portón de adamantio tallado con imágenes de aquilas que tenían enfrente. Los pesados pasos de los Astartes crearon ecos por la colosal basílica que tenían sobre sus cabezas, cuyas vidrieras holográficas habían dejado de funcionar tiempo atrás. La solitaria fortaleza había sido un puesto clave milenios atrás, después de los acontecimientos de la Herejía de Horus. Se ignoraba todo sobre ella, excepto el hecho de que, quizá, un objeto de particular valor se encontraba entre sus muros. Dengel había sido enviado para recuperarlo... y truncar la invasión Tiránida. - Bueno, ¿y qué hacemos con esto? -Dijo Matheus Evert, dándole unos golpes a la puerta con los nudillos enfundados en ceramita. - No veo ningún mecanismo -Respondió Gabian, mirando en derredor- Sacad las cargas de fusión. El portaestandarte de la compañía, Marius Genas, dio un paso adelante, tendiéndole a su Capitán un morral repleto de bombas de fusión. Marius no había traído consigo el estandarte de la Compañía, pues no había tropas a las que dirigir ni posiciones que señalar, por lo que en su lugar blandía un bólter. - Distancia de seguridad -Ordenó Gabian mientras sacaba las cargas del morral y las adhería en la puerta mediante sus placas magnéticas. Mientras su Escuadra de Mando se alejaba, una sección de la pared contigua a la puerta se desmoronó. Todos se volvieron, alerta. No se había desmoronado; era una compuerta, alargada y acabada en un arco, decorada con pequeñas calaveras por todo el borde. Más compuertas como aquella se extendían por toda la sala, pero ninguna más se abrió. Una figura surgió del hueco entre una nube de vapor. Los cables aún colgaban de los puertos de alimentación del servidor cuando se plantó frente a los Martillos de Wikia. - Intr... ados -Emitió su unidad vocal, estropeada-. Identificación... erida. Gabian miró a sus hombres y luego se puso en pie, cara a cara con el automáta. - Soy el Capitán Gabian Dengel, de los Martillos de Wikia del Adeptus Astartes. - Intr... sos detect... os -Emitió repentinamente el servidor mientras desplegaba su armamento. Con un rápido movimiento, Gabian lo partió en dos con su garra relámpago. Los pedazos humeantes del servidor chocaron contra el suelo, cubierto de siglos de polvo, mientras sus luces se apagaban, parpadeando cada vez más débilmente. - El tiempo lo habrá estropeado -Observó el Apotecario Mordek, volviendo a poner el seguro de su bólter. - Acabemos con esto -Masculló Gabian, colocando las últimas cargas en la puerta. Mientras el Capitán se alejaba, activando el detonador, una serie de pesados golpes resonó por toda la fortaleza. Temiéndose lo peor, Gabian activó el enlace vox. - Arxeo, ¿qué ha ocurrido? - Tervigones, señor. Han aterrizado en el tejado -La voz del Sargento era apenas audible entre le algarabía de disparos y chillidos alienígenas. - Replegaos hacia el interior de la fortaleza de inmediato -Ordenó Gabian. Tras la respuesta afirmativa de Arxeo, contactó con el Tecnomarine Veltus-. Tecnomarine, que las alas se retiren. Contactaré con la flota para que nos envíen refuerzos. Escoltadlos. - Comprendido -Fue la parca respuesta del Tecnomarine antes de cortar la transmisión. Hermes Krotonós, Campeón de la Compañía, dio un paso hacia Gabian, con los dedos de su mano derecha tamborileando, inquietos, sobre el mango de su mandoble de energía. - ¿Capitán? - Vamos a tener compañía en breves, hermanos. Estad alerta. Cuando acabó de hablar, activó el detonador. Una fulgurante bola de aire hipercaliente al rojo blanco devoró una amplia zona de la puerta, suficiente para que dos Astartes pasasen de pie a través de ella, hombro con hombro. Gabian ordenó el avance con un rápido gesto, y una serie de runas de respuesta se iluminaron en su visor, indicando el nombre de cada uno de los miembros de su escuadra. La sala contigua era notablemente más pequeña, pero aun así se trataba de una estancia espaciosa, rodeada de columnas de adamantio talladas, de las cuales pendían estandartes rotos y descoloridos. El lugar estaba alfombrado con cajas de suministros y huesos. Gabian no supo decir a qué habían pertenecido aquellos huesos, ya roídos por las alimañas y tremendamente desgastados. - Capitán, mire... -Susurró Leo Quarl, el Capellán de la Compañía, señalando con su crozius un contenedor de estasis al fondo de la sala, colocado sobre unas escaleras de mármol. No estaba activo. Gabian activó los amplificadores de visión el casco y se fijó en lo que el Capellán le había señalado. Caminó hacia la cámara de estasis inerte. - Marius, ven conmigo. El resto cubrid la entrada y estad atentos, ya empiezo a oír las pezuñas de los alienígenas por las paredes. Aquello era verdad. El sonido era como un funesto stacatto continuo, un repiqueteo continuo, apenas audible. No quería imaginar cuántas de aquellas criaturas estaban escalando... o descendiendo hacia ellos en aquellos momentos. Se detuvo frente al pedestal tras haber subido las escaleras. La cámara de estasis contenía un extraño artefacto. Le llevó un segundo darse cuenta de que se trataba de un estandarte. La tela estaba rota, corroída y totalmente descolorida por el tiempo, pero el mástil se conservaba a la perfección, sólo cubierto por una fina capa de polvo. Gabian pasó los dedos acorazados por el mástil, recubierto de sencillas tallas e incrustaciones doradas. El mástil estaba rematado por una calavera dorada, cuyas cuencas vacías se encendieron con una débil luz azulada cuando Gabian entró en contacto con el artefacto. Sintió rápidamente el olor a ozono de los campos de energía. El aire alrededor del mástil comenzó a enrarecerse y a ondular, como el agua cubierta por una película aceitosa. - Trono de Terra -Murmuró Gabian, sorprendido. - Capitán, es... -Empezó a decir Marius en voz baja. - Sí, hermano. - ¿Sabe a quién perteneció? Gabian examinó el mástil en busca de un símbolo. No encontró nada, a excepción de una pequeña inscripción semioculta por la suciedad y el polvo. La limpió y leyó en voz alta. - Kadex. - ¿Kades? -Preguntó Marius, extrañado, acercándose para leerlo por su cuenta. - Kadex -Repitió Gabian, haciendo hincapié en la x. - Es un buen augurio -Opinó el portaestandarte, asiendo el mástil con reverente cautela. Gabian contempló el artefacto mientras Marius lo levantaba. El raído y destrozado estandarte que pendía de él cayó sobre el suelo penosamente. - No sabía que fueras tan supersticioso. - No creo en las coincidencias -Respondió Marius-. Mientras portemos este estandarte, el espíritu y la memoria de Kades nos llevarán a la victoria. - Eso ya lo veremos -Respondió el Capitán distraídamente. Estaba fijándose en la Escuadra Arxeo, que acababa de entrar en la sala, desplegándose en una formación defensiva. Gabian bajó los escalones, seguido de su portaestandarte. El aire ondulaba y vibraba alrededor de ambos. Arxeo caminaba en su dirección, con la servoarmadura cubierta de quemaduras de ácido, dardos óseos y marcas de todo tipo. - Capitán -Comenzó, con la voz agitada-, tienen la fortaleza rodeada. Sabe el Trono por dónde van a entrar... - Pronto lo averiguaremos, hermano. Que la Escuadra Arxeo esté preparada para el combate de inmediato. - Así será -Respondió el sargento mientras se dirigía a paso ligero hacia sus hombres. Organizando a su escuadra para apoyar el perímetro defensivo de Arxeo, Gabian trató de contactar con la Lux Aeterna, pero las comunicaciones con la órbita del planeta estaban terriblemente afectadas por la naturaleza del propio mundo, y por la ingente cantidad de criaturas alienígenas que pululaban por los cielos de Prahma 56-78. Logró un enlace relativamente estable al quinto intento. Para entonces, los sonidos de las pezuñas contra el rococemento reforzado eran perfectamente audibles. - Bramastra, prepara a tu escuadra y avisa a Singajik. Os necesitamos de inmediato -Comunicó sin preámbulos al Sargento Táctico-. Traed transportes, necesitaremos una evacuación rápida. Envía a Griva también. - Forjaremos una nueva era -Respondió el Sargento. Se volvió hacia su Capellán y asintió. - Ahora sólo es cuestión de tiempo. La respuesta de Leo Quarl fue interrumpida por el estallido de los amplios ventanales de uno de los laterales de la sala. Un diluvio multicolor de esquirlas de cristal se abatió con estrépito sobre los Marines Espaciales, que levantaron las cabezas con rapiez, volviendo sus armas hacia los alienígenas que estaban traspasando las ventanas rotas. - ¡Ráfagas cortas y controladas! -Ordenó Gabian, empuñando su pistola bólter-. Amelkart, acaba con ellos. El Bibliotecario asintió y extendió ambas manos, buscando la impronta psíquica de los intrusos para poder dirigir su castigo contra ellos. Pero algo extraño ocurría. La Disformidad estaba agitada, revuelta, inescrutable. La Mente Enjambre la alteraba de tal manera que intentar canalizarla era como leer un manuscrito en un idioma ignoto. Bajó las manos, activando al máximo el anulador de su capucha psíquica. No quería correr riesgos. En lugar de usar su telekinesis, desenfundó la pistola bólter y blandió su espada psíquica, que aunque no bullía con energía como en otras ocasiones, estaba lo suficientemente afilada como para cumplir su cometido. + + + + + + + + Las ráfagas se intensificaban a medida que un número cada vez mayor de Tiránidos irrumpía en la sala a través de las ventanas. Sus cuerpos, destrozados y humeantes, caían a plomo contra el suelo, rodando sobre su sucia superficie hasta quedar inertes sobre él. Algunos lograban sobrevivir el tiempo suficiente como para disparar, y andanadas irregulares e intermitentes de púas óseas y descargas de bioácido volaban hacia los Martillos de Wikia, que recibían aquellos ataques con estoicismo, intentando esquivarlos y devolviendo el fuego con disciplina y habilidad. Por orden directa de Gabian, todos ellos estaban atentos a los auspexes para evitar que les atacaran desde otro lado. Cuando sus sensores detectaron la gran mole que se precipitaba contra uno de los ventanales, apenas tuvieron tiempo de anunciarlo. El Tervigón alado atravesó los restos de la cristalera con violencia, rugiendo. Vomitó una descarga de bioplasma que estuvo a punto de consumir a uno de los hombres de Arxeo, que se alejó rodando lo suficientemente rápido. - ¡Las alas! -Aulló Gabian, volviendo su pistola bólter contra la criatura. Media docena de bólteres convergieron sobre el Tervigón, arrancándole una de sus quitinosas alas de cuajo y forzándole a caer contra el suelo. Su mole dio varios bandazos antes de caer frente al portón de adamantio, bloqueándolo. Los bólteres destriparon al abominable alienígena, de cuyo vientre comenzaban a salir Gantes, feroces, babeando saliva corrosiva desde sus fauces repletas de colmillos. Se detuvieron de golpe y murieron al instante cuando el Tervigón estalló desde dentro al arrojar Arxeo y sus hombres cuatro granadas de fragmentación al vientre desollado. Una montaña de quitina humeante y restos sanguinolentos siguió manteniendo la puerta bloqueada. - Bueno, Capitán. Parece que no iremos a ningún sitio -Dijo Marius con tono burlón, disparando su bólter con una sola mano, mientras que con la otra sostenía en alto el estandarte. Los disparos de los alienígenas rebotaban contra la pantalla de energía en su mayoría. - Cállate, Genas -Gruñó Gabian, sin dejar de disparar-. ¡Amelkart! ¿Por qué siguen vivos? - No puedo canalizar la Disformidad, Capitán -Respondió el Epistolario, partiendo en dos con su espada psíquica una Gárgola que se había abalanzado sobre él-. La Mente Enjambre la está revolviendo. - Mierda -Masculló en voz baja el Capitán. Un instante después, las ventanas del otro lado de la sala estallaron, siendo atravesadas por Gárgolas y Guerreros Tiránidos alados. Gabian se volvió rápidamente y activó una serie de marcadores para Mordek y seis de los hombres de Arxeo. La información apareció en sus visores en forma de runas azuladas, indicándoles sus posiciones. Se apresuraron a volverse y ocupar sus nuevas posiciones, recargando sus armas para reanudar el fuego. Las Gárgolas planearon hacia ellos, chillando y disparando sus bioarmas con inusitada puntería. Varias estacas óseas quedaron clavadas en las placas de ceramita de las servoarmaduras de los Martillos de Wikia duante los primeros segundos del enfrentamiento. La represalia Astartes acabó casi al instante con los primeros alienígenas, que se desplomaron contra el suelo entre aullidos agónicos. Los casquillos de bólter repiquetearon contra el suelo mientras más xenos atravesaban las ventanas, pero fueron recibidos por una granizada de proyectiles que los atravesó sin piedad. Las balas explosivas de los bólteres desmembraban y hacían estallar a las Gárgolas, mientras que los Guerreros Tiránidos, más resistentes y mejor acorazados, tenían una docena o más de boquetes humeantes en sus caparazones y exoesqueletos cuando por fin caían muertos. - ¡Se acercan! -Exclamó uno de los marines tácticos de Arxeo- ¡Norod, el lanzallamas! El aludido se adelantó varios a grandes zancadas y levantó su arma, humeante. Con un gorgoteo, el lanzallamas vomitó un chorro de promethium ardiendo y calcinó a media docena de alienígenas antes de disparar de nuevo. Otra lengua ígnea se llevó por delante a cuatro Gárgolas, y un Guerrero Tiránido quedó bañado en promethium en llamas antes de que varias ráfagas de bólter lo eliminaran. Pero no parecia haber fin para aquellas criaturas. Por cada una que mataban, otra más cruzaba las ventanas. La munición empezaba a agotarse. Gabian miró en derredor para evaluar la situación. Rodeados por doquier y cada vez más cercados, tenían pocas oportunidades de sobrevivir si permanecían en aquella posición. Debían encontrar una mejor. Activó el comunicador y señaló la pared del fondo de la sala con Ibingiruara, su garra de energía. - ¡Replegaos contra la pared, hermanos! -Ordenó- ¡Formación convexa! Mientras se desplazaban hacia la pared a fin de eliminar un frente por el cual ser atacados y poder tener una mejor línea de disparo de toda la sala, Gabian formuló en silencio una oración, deseando que los refuerzos llegasen antes de que fuese demasiado tarde. + + + + + + + + - Auxiliamos al Capitán y a la Escuadra Arxeo, los escoltamos hasta las Thunderhawk y nos vamos antes de que las lanzas vuelen los islotes -Recordó por tercera vez el Sargento Bramastra a sus hombres-. ¿Hermanos? - ¡Forjaremos una nueva era!- Gritaron los diecinueve Marines Espaciales que ocupaban la bodega de carga de la Thunderhawk. Su voz era una sola. El portón de la aeronave se abrió con un rechinar de servos, y una ráfaga sostenida de bólter pesado arrasó la plaza de acceso al interior de la fortaleza mientras las dos Escuadras Tácticas desembarcaban. Docenas de Tiránidos perecieron entre los disparos de la Thunderhawk y los barridos de las alas Términus y Omega. El suelo de baldosas pétreas quedó surcado de hileras de agujeros humeantes, esquirlas de roca, cráteres y restos de Tiránidos empapados en su icor corrosivo. Las abrazaderas magnéticas liberaron un Dreadnought, y Tristán Griva aterrizó pesadamente en el patio, quebrando las baldosas bajo su ingente peso. El cañón de asalto que llevaba en lugar de brazo izquierdo comenzó a girar cada vez más rápido, para vomitar una descarga de proyectiles explosivos al rojo vivo que partió en dos a un Tervigón y esparció los restos destrozados de tres Gantes y un Guerrero Tiránido por todo el lugar. Otros dos Guerreros Tiránidos estallaron cuando la abrumadora potencia de fuego del cañón de asalto destrozó sus caparazones y partió sus huesos. Tristán Griva emitió un profundo y grave sonido a través de la unidad vocal del Dreadnought; estaba satisfecho. - ¡Asaltad la fortaleza! -Ordenó Bramastra blandiendo el bólter con una habilidad concedida por la experiencia- ¡Purgad a los xenos! Tres lenguas de fuego se extendieron por todo el patio, calcinando a los Tiránidos que habían comenzado a contraatacar. Entre las dos escuadras tácticas sumaban dos lanzallamas y un lanzallamas pesado, además de un cañón de fusión para lidiar con las criaturas más resistentes que la Mente Enjambre pudiera lanzar contra ellos. La destrucción que el promethium ardiendo causó fue suficiente para limpiar el patio en pocos segundos. Docenas de carcasas ennegrecidas y masas de carne informe y calcinada decoraban el suelo cuando los Marines Espaciales irrumpieron en la fortaleza mientras Griva, el Dreadnought, protegía el acceso, disparando su cañón automático contra toda criatura alienígena que se acercase. En los pasillos, oscuros y desgastados, los Martillos de Wikia se encontraron con pequeños grupos aislados de Gantes y Guerreros Tiránidos. Las llamas y el fuego de Bólter acababan con ellos antes de que pudieran responder. Cuando llegaron a la sala central, donde Gabian y la Escuadra Táctica Arxeo luchaban hasta el final, los Tiránidos estaban a punto de superarlos. Entre gritos de guerra y disparos de bólter, acabaron con el grupo de xenos que intentaba acceder a la sala por el gran portón, bloqueado por los restos de un Tervigón. Los resplandores de las descargas de bólter iluminaron frenéticamente el lugar, como luces estroboscópicas. Cuando todos los Tiránidos hubieron perecido, Tramos, el artillero de la Escuadra Bramastra, se adelantó con el cañón de fusión, y desintegró los restos del Tervigón con un intenso chorro de gas hipercaliente. Bramastra avanzó, guardando el bólter y sacando la espada sierra. - ¡Por el Imperio! -Gritó, entrando el primero con la espada sierra en alto- ¡Por Wikia! Desplegándose en equipos de cuatro, formaron un perímetro en el interior de la sala, alcanzando a los Tiránidos que entraban a través de las ventanas y a los que se abalanzaban sobre Gabian y los otros Marines Espaciales. Dos figuras envueltas en sendas servoarmaduras estaban tiradas en el suelo, con las placas de ceramita erizadas de púas óseas y bullendo por acción del bioácido. Bramastra sabía que estaban muertos. Entre las llamaradas de los lanzallamas y las ráfagas de bólter, lograron dar un respiro al Capitán y sus hombres, que se apresuraron a reagruparse con los recién llegados para fortalecer sus posiciones defensivas. Con una mueca de dolor, Bramastra se percató de que el Epistolario Amelkart cargaba con la figura castigada y cubierta de sangre y bioácido del Apotecario Mordek. Tramos volatilizó a un Guerrero Tiránido que se lanzó sobre el Capitán y éste atravesó la nube de aire caliente apresuradamente. Su servoarmadura estaba realmente castigada. Necesitaría horas de reparación. - ¡Vámonos, Bramastra!- Gritó por encima de las detonaciones de bólter y el siseo de los lanzallamas- ¡No hay tiempo que perder! El Sargento Táctico asintió y avisó a su escuadra por el comunicador del casco. La escuadra de Singajik cubrió la retirada con sus lanzallamas, creando un muro de promethium ardiendo que crepitaba y se agitaba furiosamente. En el exterior, Griva disparaba constantemente a la nube de criaturas aladas que empezaba a reunirse en torno al patio. Una lluvia intermitente de cadáveres era el resultado de sus disparos. - ¡Piloto, motores preparados! -Ordenó Bramastra al salir de la fortaleza. La respuesta llegó en forma de una serie de runas en su visor. El Tecnomarine Veltus descendió hasta el centro del patio, con la rampa de acceso de la cañonera desplegada. Gabian y la Escuadra de Mando entraron en él mientras Bramastra, Arxeo y Singajik se replegaban hasta la Thunderhawk, cargando con los cuerpos de los dos Marines Tácticos caídos. Griva los cubría con su cañón de asalto. - Bienvenido a bordo -Dijo el Tecnomarine a través de su inexpresivo emisor vocal. - Sácanos de aquí, Veltus. - De inmediato -Contestó antes de transferir potencia a los motores y levantar el vuelo. Gabian se fijó distraídamente en los restos de ícor y guesos esparcidos por el compartimento de carga y después se agachó junto al cuerpo de Mordek. Miró a Leo, que estaba murmurando bendiciones para el Apotecario. - ¿Y bien? -Quiso saber. El Capellán levantó el casco en forma de cráneo y sacudió la cabeza lentamente. Gabian asintió sombríamente. - Que el Emperador te acoja en su gloria, hermano -Deseó con un susurro. Después miró a Marius, que aún portaba el mástil, con orgullo-. No parece que Kades haya estado con nosotros en este día, Marius. - Podría haber sido peor, Capitán -El portaestandarte se encogió de hombros-. Pero de lo que sí estoy seguro es de que ha sido un combate digno de él. - Ahí coincidimos los dos, hermano -Respondió Gabian en voz baja. Elevando la voz, continuó-. Con la guía de Kades el Fundador hoy hemos asestado un doloroso golpe a la Mente Enjambre y hemos recuperado una valiosa reliquia. Esta asta de estandarte será restaurada a su gloria original en el Sello Eterno, ¡y la Tercera la devolverá a su lugar en el campo de batalla con una nueva bandera que conmemore nuestra victoria aquí! Los Marines respondieron golpeando estruendosamente sus petos con sus guanteletes. Fuera de la cañonera, los rayos de energía de las lanzas de la flota comenzaron a purgar el planeta, mientras los restos de la bionave Tiránida entraban en la atmósfera. Categoría:Relatos Martillos de Wikia
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