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  • Relato No Oficial Martillos de Wikia: El fin de Crissos
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  • Para el Lord Comisario Raphael era otro día rutinario, estaba más que acostumbrado a las vicisitudes de la guerra. Había cumplido dos campañas completas contra los orkos y había visto a la Gloriosa imponerse y aplastar definitivamente la amenaza xeno con contundencia a lo largo de una década de servicio activo, testigo directo de la maestría militar del Comandante General Arensan, que había dirigido los regimientos de Cadia y Vostroya con una maestría celestial que recordará el Astra Militarum. El Emperador protegía. No iban a perder. Pero, como esperaban, la órbita ya era suya antes de llegar.
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  • Rodeadme, Hermanos, y os contaré la última batalla de Crissos el Viejo, de sus últimos actos de coraje y su fortuna, tan ligada a la mía.
  • Tanta gloria lleve como descanso deja.
  • No ha habido un astartes tan recto e insparador como el Viejo. Dio todo de sí hasta sus últimos momentos, el Adeptus Astartes lamentará su pérdida durante milenios.
  • La paz del guerrero sea con él. No quedan corazones que ardan con tanta intensidad como el suyo.
  • De él aprendí el valor de la auténtica amistad y lealtad. Su ejemplo perdurará en el Capítulo, contemplad su legado y honradlo.
  • No lo echabais tanto de menos cuando os gritaba por todo...
  • Deberíamos aniquilar los mundos de origen de esta escoria hasta que no queden más que cenizas de su civilización ¡Qué menos merece el Viejo!
  • Encontró un final que relataremos hasta el fin de los tiempos. "¡Escuchad, hermanos, la historia de cómo Crissos combatió sin descanso al xeno hasta la muerte!" Diremos. Honraremos su memoria, brindemos por él.
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  • Demetrius, Capitán de la Cuarta Compañía.
  • Heford, Primer Dreadnought.
  • Hel Vaal, Décimo Capitán.
  • Lars Orvan, Primer Capitán.
  • Praefactus, Octavo Capitán.
  • Raum, Señor de la Santidad.
  • Regulus Melion, Ojo del Omnissiah.
  • Syrio, Noveno Capitán.
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  • Para el Lord Comisario Raphael era otro día rutinario, estaba más que acostumbrado a las vicisitudes de la guerra. Había cumplido dos campañas completas contra los orkos y había visto a la Gloriosa imponerse y aplastar definitivamente la amenaza xeno con contundencia a lo largo de una década de servicio activo, testigo directo de la maestría militar del Comandante General Arensan, que había dirigido los regimientos de Cadia y Vostroya con una maestría celestial que recordará el Astra Militarum. Pero esta vez era distinto. A las tres semanas de comenzar la nueva campaña, Arensan había muerto. Asesinado, por traidores de su propia guardia personal. Al menos eso se decía... Tenía una posición privilegiada dentro del escalafón de mando, y a menudo el comisario sabía de más. Raphael había oído que estos xenos tenían una gran labia y muchas promesas vacías que podían encandilar a un corazón débil y una fe insuficiente: Enfrentarse a los orkos era sencillo, no había nada de lo que apiadarse, sólo una feroz y primigenía brutalidad. Los Tau eran radicalmente distintos, y sus argucias les habían supuesto ya un gran coste antes siquiera de empezar a calar las bayonetas. Echó un vistazo a lo largo de la trinchera preguntándose cuántos de esos soldados del 98º de Cadia habían considerado, aunque fuera tan sólo por unos instantes, emular esa traición y acudir al enemigo en busca de una recompensa que, por seguro, no les entregarían. Un acto de tamaña vergüenza entre las filas de los regimientos a su cargo... - Ignominioso. - Musitó hoscamente comenzando a caminar, provocando que un par de soldados lo mirara interrogativamente por si les hablaba a ellos, encogidos por el frío nocturno y la anticipada ira del Comisario. Como no parecía ser el caso, ambos volvieron a su tarea con sendos suspiros de alivio. Raphael siguió, empuñando la espada de energía envainada, con porte estirado y orgulloso, ojeando con suficiencia. - Sólo Él nos recompensa, sólo la muerte nos dará lo que más anhelamos. - Continuó hablando para sí, palabras destinadas a su propio fervor. Su caminar a lo largo de la primera linea defensiva era habitual, aunque habría preferido hacerlo fuera de la trinchera para que los soldados pudieran verle aún más, y que recordarán el significado del Águila Bicefala que lucía en la capa. Así había sido contra los orkos, pero este enemigo era distinto y mucho más preciso y amenazador en la distancia: Habían comprobado pronto que cualquiera que se aventurara demasiado tiempo fuera de la trinchera era un blanco fácil para los tiradores ocultos que, en la oscura noche, les estaban observando. Qué calma dominaba la nocturnidad de Baphol Primaris, pero la experiencia reciente recordaba a los cadianos que no había descanso cuando el sol se iba. En las sombras eran donde los Tau preferían prepararse, terminar de urdir sus planes y atacar los puntos débiles de su linea de defensa, una y otra vez. El chirrido electrónico residual de la XV25 al desconectar la energía de sus generadores, desapareciendo la distorsión holográfica que la mantenía oculta insultamentemente cerca, apenas dió tiempo a reaccionar al Lord Comisario. Cuando el hombre distinguió la forma que se inclinaba sobre la trinchera ya era tarde, el cañón de mano ya estaba empezando a rotar y él sólo logró desenvainar a medias su espada en un fútil acto de oposición. Raphael murió con el grito de alarma en la garganta y la noche se iluminó tenebrosamente bajo la luz de los disparos láser y de plasma, pronto regada con los gritos de dolor, de alarma y el intenso olor a ozono de las explosiones. ​Con las primeras luces del día siguiente... "La paz del guerrero sea con él. No quedan corazones que ardan con tanta intensidad como el suyo." —Demetrius, Capitán de la Cuarta Compañía. Al soldado Argus lo encontraron metido en un agujero, llorando y repitiendo alternativamente Mamá y Emperador. Los del duodécimo lo sacaron de allí devolviéndole al sol abrasador y lo arrastraron por la tierra quemada hasta que el chocar con las botas del Coronel Kayzen le hizo volver al mundo real. - Chico ¿Quién eres? - Preguntó el oficial, clavando una mirada fruncida en él. Delante de ellos se extendía la trinchera que pretendía defender el 98º de Tropas de Choque de Cadia, unas fuerzas que ahora decoraban toda la meseta con sus restos dispersos, mutilados por las explosiones y los disparos de plasma. Kayzen se envolvía con una lustrosa capa a pesar del calor, era joven y prometedor. Los regimientos a su cargo, el 206º de Infantería Pesada de Cadia y el 56º de Fusileros Vostroyanos, habían ganado reconocimiento especial del Lord Comandante durante las continuas e interminables refriegas contra los orkos. Ahora que él no estaba... El Coronel meneó la cabeza desechando el pesimismo y ordenó con un gesto a los soldados que siguieran con su escrutinio en busca de heridos, y a ser posible información de los huidizos atacantes. Cómo lograban eludir sus sensores y auspex automatizados, y manuales, escapaba al razocinio de los tecnosacerdotes. - Y-Yo... - Argus levantó la vista sin alzarse, tenía polvo en la garganta y se acababa de dar cuenta de que no tenía ni idea de qué había pasado con su rifle láser. - Soldado Argus del 98º de Cadia... Se-señor. - Replicó recuperando un ápice de compostura. - Un cadiano llorando escondido, negando el honor de morir por el Emperador. Qué vergüenza. - Kayzen lo ejecutó allí mismo antes de cualquier réplica volándole la cabeza con su primitivo revolver, que reservaba para esas pocas ocasiones. Como coronel hacía deceníos que no disparaba contra un enemigo. Rezongó para si mismo arropado por su escolta observando el escalofriante escenario de batalla. De matanza, más bien. La escena era habitual. La moral era baja, inexistente; Daba igual el regimiento, la unidad, el pelotón. Todos y cada uno de las decenas de miles de guerreros de la Humanidad sufrían dudas y miedos ante un enemigo que les estaba superando en táctica y tecnología. Pero el Martillo del Emperador es implacable; Ese mismo día tres mil cadianos habían muerto, quedaban cuatro veces ese número en la retaguardia, y muchos más disponibles para solicitar de refuerzo. No sabían cuántos Taus habían perecido, pero los alienígenas serían menos que ayer. Mañana pasaría lo mismo. Cada vez habría menos Guardias Imperiales, y menos Tau; Un día se sorprenderían con que los xenos se habían extinguido del planeta mucho antes de agotar las reservas de la Gloriosa. Lo único que tenían que hacer los oficiales era mantener a los soldados dispuestos a luchar. Kayzen se estaba ya quedando sin munición cumpliendo su deber ¿Era mera casualidad que los comisarios comenzaran a escasear? La pérdida de Lord Raphael era un duro golpe a las fuerzas defensoras. Kayzen siquiera había visto un Tau en su vida ni durante la campaña, no había sido necesario. No tenía importancia que su enemigo fuera prácticamente desconocido, todos sucumbían igual. El Emperador protegía. No iban a perder. Dieciséis horas más tarde, los astartes llegan... "Deberíamos aniquilar los mundos de origen de esta escoria hasta que no queden más que cenizas de su civilización ¡Qué menos merece el Viejo!" —Syrio, Noveno Capitán. La Barcaza de Batalla Omnio Sapere era la astronave más imponente y poderosa de los Martillos de Wikia, y rara vez se movilizaba sin trasladar a la Primera Compañía al completo junto a su Señor. La enorme Barcaza acaba de surgir del espacio disforme, y termina de aproximarse a Baphol Primaris para acomodarse en su órbita. Su simple presencia, sumada a la flotilla de naves escoltas que siempre la acompañaba, hizo retroceder a las naves Tau que habían empezado a movilizarse para expulsar a la Flota Imperial de forma definitiva. Sin saberlo y sin buscarlo, la presencia de los astartes ya había comenzado a salvar vidas arrebatando la victoria astronaval a los alienigenas. Inmediatamente las comunicaciones fluyeron llenas de gritos de sorpresa y júbilo incontenibles, la llegada de Marines Espaciales suponía que el conflicto iba a resolverse gracias a su supremacía táctica y su puño de hierro. Las fuerzas imperiales entendían que sus rezos habían hallado respuesta, y los Ángeles de la Muerte del Emperador, imbatibles, eran la condena del alienígena. Los Martillos de Wikia se limitaron a maniobrar, examinar la situación silenciosamente tras unas quedas preguntas e indicaciones a la flota aliada, y no tardaron en ponerse al mando sin importar qué general o almirante estuviera presente. Recién llegados desde un punto relativamente cercano del mismo Segmentum Ultima, tres Compañías al completo de tal capítulo aún tenían que vendar sus heridas causadas por la aniquilación y persecución del Waaagh orko del Kaudillo Ezafolokraneo, pero no habían dudado en acudir a la señal de auxilio vecina. Inmediamatente, en el camarote del Señor del Capítulo... "Encontró un final que relataremos hasta el fin de los tiempos. "¡Escuchad, hermanos, la historia de cómo Crissos combatió sin descanso al xeno hasta la muerte!" Diremos. Honraremos su memoria, brindemos por él." —Regulus Melion, Ojo del Omnissiah. Fueron las alarmas e insesantes pítidos propios de una nave en navegación que topaba con una anomalía los que despertaron a Crissos. Se levantó del catre, se estiró y fue a lavarse la cara antes de que le agobiaran con la evidente noticia de que habían llegado a su destino. El viaje disforme era impreciso e irregular en la mejor de las ocasiones, y no le era extraña el cambio brusco de ritmo de la gran nave, como si el destino la hubiera cogido por sorpresa. Tenía tiempo, los oficiales de guardia y el capitán Soku sabrían aplicar los protocolos adecuados ante cualquier situación. Tras lavarse se miró en el espejo. Gruñó, no le gustaba lo que veía. Veía decrepitud, debilidad. No era el Marine Espacial regio y solemne que fue, la imagen del héroe de los Martillos de Wikia que los había alzado victoriosos en cada sangrienta y abundante campaña desde que tomó el liderazgo de sus hermanos estaba deformada, echada a perder. Cogió con rabia la cuchilla de afeitar y se cortó en el antebrazo. Se quedó mirando como fluía la sangre, como rápidamente dejaba de brotar y básicamente la herida se restauraba por si misma sin quedar nada importante de mención en pocos instantes. Para cualquiera era un proceso sobrehumanamente acelerado, para Crissos era otra muestra de debilidad. Tardaba demasiado: Antes no demoraba tanto, sus órganos le fallaban. Había perdido capacidad de combate; Pronto perdería más, y cualquier día no sería más que un estorbo para su propia Guardia de Honor. Arrojó la cuchilla sin cuidado por la habitación ahogando un grito de rabia. Quería hacerlo, bramar y golpear las paredes como un descerebrado, así se sentía cada despertar, en cada momento a solas en que contemplaba su imagen o recordaba la gloria pasada. Pero era quien era, y mantenía suficiente dignidad como para comportarse y afrontar un nuevo día. Alguien llamó a la puerta. Crissos abrió vistiendo túnica, seguía sin prisa; no iban a entrar inmediatamente al combate, tendrían que examinar la situación, valorarla y actuar en consecuencia. Sin urgencia, sin descuidos por el brio. Aún así toda la Segunda Compañía estaba totalmente preparada para combatir nada más llegar, había que cubrir cualquier imprevisto. Mientras, los elementos a bordo de la Tercera y la Cuarta se preparaban, los tecnomarines revisaban por última vez los tanques y dreadnougths del Capítulo y, en definitiva, toda la maquinaría bélica del Capítulo se preparaba. Pero, como esperaban, la órbita ya era suya antes de llegar. El Hermano Heford se cuadró en saludo al otro lado de la puerta, regio como siempre. Crissos esbozó una sonrisa a medias, marcando aún más las arrugas de su rostro. Hacía tiempo que le llamaban El Viejo, y cada vez que veía la vitalidad que mostraba el otro Astartes recordaba aún con más claridad por qué. Heford era todo lo que él había sido: Vivaz, poderoso, el mejor combatiente que habían conocido los Martillos en su época, con el fervor adecuado y la adaptabilidad suficiente como para ser el favorito a la sucesión, su propia sucesión. Heford heredaría el Capítulo. Ahora lideraba su Guardia de Honor, y lo aconsejaba con sabiduria sobre los quehaceres de los astartes y las campañas que afrontaban. Crissos consideraba a menudo que ya estaba preparado para sustituirle. Al menos respecto al futuro de los Martillos podía estar tranquilo. - Hemos llegado. La flota alienígena se ha replegado al vernos a la otra cara del planeta. Parecen poseer una tecnología avanzada y cierto armamento, la Flota Imperial ha sufrido mucho y poseen pocas naves que puedan seguirnos el ritmo. En tierra poseen un gran número y dominan casi todos los sectores del planeta. - Informó Heford, que se apartó para dejarle salir y ambos caminaron por los largos y brillantes pasillos de la nave en dirección al puente, donde el capitán repetiría lo mismo, y daría su directa versión sobre la ineficacia de la Armada. - ¿Quiénes son? - Inquirió Crissos ceñudo. Sabían muy poco de esos xenos, el informe que los había atraído era muy escueto. Y si algo odiaba un Martillo de Wikia, más que a un Guerrero de Hierro al menos, era no saber algo. - Se hacen llamar Tau, a si mismos. El Imperio los ha encontrado aquí y allá recientemente por la Franja Este, hasta hace poco no se creían una amenaza seria, sólo unos xenos con una tecnología relativamente avanzada que pugnaban por comerciar en la frontera. Muchos mundos se han apartado de la Luz del Emperador aprovechando la incompetencia de los responsables de este Segmentum. - ¿Ha habido comunicaciones de los otros? - Crissos agarró el hombro de Heford para que parara. A Heford le pareció que se encorvaba, como un viejo real. Lo atribuyó a cansancio y a malestares nocturnos, era impensable que al Señor del Capítulo tuviera algún tipo de fallo en las fuerzas. Semanas antes había liderado a las tres compañías blandiendo a Purificadora en una sola mano durante toda una mañana, y les costaba que aún era muy capaz de hacer morder el polvo a la mitad de Campeones de Compañía del capítulo en un duelo de esgrima. - Sí. El Capitán Tulfias desea saber si debe seguir persiguiendo a la escoria Eldar o debe regresar para proteger Nyumba ante nuevos imprevistos. - Decidle que los persiga y aniquile. - Gruñó Crissos molesto ante el titubeo del Capitán de la Sexta. Crissos se ocupaba personalmente de prácticamente todas las decisiones importantes del Capítulo, y que se le consultara antes de emprender cualquier acción notable era casi más una obligación que una mera costumbre, pocas operaciones se hacían con verdadera autonomía. El Señor del Capítulo era el corazón del mismo, y se decía que Heford era quien ayudaba a ese corazón a bombear su autoridad a través de todos los puntos de los Martillos de Wikia. Era su principal consejero y prácticamente era un palafreno aparte de liderar su Guardia de Honor, la Omnio Sapere era a todas luces el mando capitular, errante y siempre belicoso. - También nos han llegado cuatro llamadas de auxilio, desde varios puntos. Todos relativamente cercanos, amenazas varias, sin mucha confirmación ni participación inquisitorial. Básicamente, otros planetas como este sufrne acoso similares o rebeliones. - Ignorenlas. No tenemos efectivos para meternos a ciegas en nada ¿Qué más, Heford? - El Capitán Hel Vaal ha comunidado que ha vuelto a Nyumba para una nueva remesa de reclutas. - No le hemos pedido eso. - Masculló El Viejo volviendo a andar. - Malditos novatos, olvidan qué es la jerarquia nada más ponerse a dar órdenes. Le daremos un rapapolvo cuando volvamos. Fue Heford quien atravesó primero la gran puerta mecánica que llevaba al magnífico puente de la astronave Omnio Sapere. Allí se cuadró llamando la atención de dos centenares de operarios y marineros, además de un puñado de Martillos de Wikia, y del Capitán Baldro que los observó distante en su trono de mando. - ¡ATENCIÓN! - Bramó el Guardia de Honor. - ¡EL SEÑOR DEL CAPÍTULO, LORD CRISSOS! - Anunció provocando que todo el mundo abandonara lo que fuera que estuviera haciendo para cuadrarse y presentar su respeto a la eminencia que entró en el puente con el rostro agusto y arrugado, el ceño fruncido como ya era habitual en él. El Capitán Baldro no se molestó en desatender la Barcaza, sino que envio a su segundo para que no tardara en acudir y repetir lo que ya había deducido Crissos y dicho Heford: Habían llegado y no había necesidad de zafarrancho de combate, la órbita era suya y era hora de planificar el desembarco, el ataque y el rápido final a la campaña que se sucedía allí abajo. Mientras los astartes erradicaban la amenaza terrestre, la flota se desplazaría directamente contra los xenos en la otra cara del planeta y los aniquilarían o forzarían a huir abandonando sus propias fuerzas. - Eso no importa. - Despachó Crissos yendo directamente a la gran mesa holográfica que tenían allí reservara para la estrategía, en pleno puente. Estaba pensaba para examinar por los tácticos de la armada un conflicto naval de primera mano mientras se sucedía, pero desde la llegada de Crissos hacía ya siglos su mayor uso había sido la planificación de los Martillos. El resto de su Guardia de Honor y los capitanes estaban ya allí. - Lo que importa es qué están haciendo los xenos, qué queda de la Guardia Imperial y cuándo y cómo vamos a intervenir. - Acortó Crissos, sin perder tiempo. En la mesa estaban perfectamente detalladas las posiciones de la Guardia Imperial y todo tipo de detalles y anotaciones rojas señalaban las zonas en conflicto y los movimientos de los xenos, el holograma chisporreaba levemente con el rumor de la estática y el tecnomarine a cargo aún lo estaba terminando de ajustar. Numerosas nebulosas indicaban los puntos donde los Tau interferían los sistemas de la Humanidad, impidiéndoles conseguir información desde la órbita, por lo que debían de arriesgarse con exploradores en el propio campo continuamente. Las transmisiones de estos valientes se iban anotando en el propio mapa en breves resúmenes localizados en el lugar de transmisión una vez se actualizaban manualmente, ahora de la Guardia; Pronto algunos neófitos estarían en el terreno. - Podríamos actuar del mismo modo que contra las huestes orkas. - Empezó el Capitán Plautio, como era su costumbre, señalando el punto más obscuro. - Seguro que sus líderes están aquí. Empujamos a la Guardia hacia allí, bajamos, los matamos, se confunden y dispersan y sólo hay que cazarlos. - Sabemos que están bien organizados ¿Y si no funciona? - Capitán Demetrius se adelanto para hablar bajo la atenta mirada meditativa de Crissos, él siempre era el más precavido y su juicio rara vez erraba. - No podemos quedarnos involucrados en una batalla tan grande. - Serán confundidos de igual modo y muchas de sus unidades quedarán aisladas en la ofensiva. - Contestó Heford colocando una mano sobre el hombro de Plautio para ahorrarle la respuesta. - Si apoyamos debidamente el avance de la Guardia, tendrán empuje suficiente. En el peor de los casos, nos rechazarán en la ofensiva general pero habrá caido su cuartel general. - Si es que está ahí. - Replicó Demetrius con un breve asentimiento. - Si rechazan las mejores compañías de este Capítulo merecemos temerlos. - El Capitán Plautio se dirigió directamente hacia Crissos. - Usemos a la Guardia. Veamos mejor a lo que nos enfrentamos y actuemos en consecuencia. Somos los Ángeles de la Muerte, golpeemos con todo. Y nada sobrevivirá. - ¿Alguien tiene algo que objetar? - Crissos golpeó el borde de la mesa con la palma, sonoramente. La pregunta siempre había sido retórica, había oído suficiente con la breve conversación y quería decir que tenía su propia decisión. Y el Señor del Capítulo rara vez cambiaba de opinión una vez decidido. - Bajaremos. Veremos qué xenos son, y los aplastaremos en una acción directa y breve que recaerá en la Primera y la Segunda. Todos asintieron y se retiraron a prepararse a si mismos y a sus respectivos hombres. Crissos permaneció observando el holograma, terminando de urdir el plan. No necesitó mirar a su lado para saber que Heford esperaba. - Ponme en contacto con el que esté al mando ahí abajo. Dile a la Primera que quiero todas las armaduras de Exterminador que puedan ponerse. - Ordenó y el otro astartes gruñió un asentimiento antes de retirarse dejándole a solas en el atestado puente. La batalla presentaba una magnitud difícil de concebir. La hora nocturna permitía que hasta el último chispazo luminoso de la más pequeña de las armas láser fuera visible desde la cumbre que acogía a los cinco espectadores, un despliegue colosal que ocupaba todo el horizonte visible, los movimientos de las grandes formaciones acorazadas, la infantería en retirada y las posiciones fuertes resistiendo el embite alienígena se podían leer con claridad siguiendo las luces. Ver a los Tau en campo abierto aceptando un conflicto tan generalizado era una escena peculiar, extraña de ver. De carácter cobarde y furtivo, esos xenos rehuían los combates abiertos y guiaban a las fuerzas de los oficiales más insensatos hacia su perdición con emboscadas y trampas ¿Era eso otra forma astuta de forzar una trampa? - ¿Qué pensáis? Crissos preguntó sin mirar atrás. - Esos bípodes de combate parecen temibles. Buen armamento, los soldados necesitan armas pesadas contra ellas y excepto las más atrasadas se mueven como los Hermanos de Asalto por lo menos. - Opinó Heford. - Un rifle de plasma las hará añicos. - Opinó Varris quitándole hierro al asunto. - Si superan la concentración de disparos bólter. - O un cañón de asalto. - Añadió Igarb, esgrimiendo su arma con un quejido de los servomotores de la armadura. - Señor, allí están muriendo hombres sirviendo fielmente al Emperador. Me disgusta no hacer nada mientras son masacrados. - ¿Opináis igual? - Crissos se giró hacia su Guardia de Honor. Los cuatro veteranos lucían armadura de Exterminador, como el Señor del Capítulo. Lo habían decidido así, dejando de lado las elaboradas armaduras artesanales que solían lucir. El castigo que estaba previsto que iban a recibir hoy, no lo iba a tolerar una servoarmadura a pesar de la exquisita calidad de las artesanales del Capítulo. Si luchaban, Crissos iba a dirigir la ofensiva en primera linea y no se halla en la galaxia nada más demoledor que un Exterminador de los Marines Espaciales. - Sí, resulta difícil quedarse impávido. Nuestros Hermanos ya están preparados. - Contestó Heford tras echar un vistazo a sus compañeros. Llevaban décadas juntos, la mayoría de ocasiones una simple mirada atenta era suficiente para saber qué opinaba cada uno. Eran sus hermanos más allegados, y los cuatro astartes más cercanos a Crissos. - Dad la orden. Ataque general. Mantenemos el plan. - El Señor del Capítulo encaró directamente hacia Heford. - Que la Primera embarque. Da la orden a la Omnio Sapere: La Segunda al completo debe caer en treinta minutos alrededor de nuestras balizas, empujaremos el frente desde los Rhinos y los Land Raiders. No tendremos mucho apoyo pesado de nuestro lado hasta que el resto de Compañías tomen posiciones, pero la Guardia Imperial lo pondrá. - Crissos desenvainó a Purificadora y retrocedió para dar a la otra cara de la colina, donde los Martillos de Wikia embarcaban y ultimaban los preparativos finales. - MOVEOS. - Les espetó a su Guardia. Aunque la batalla se podía considerar peligrosamente cercana, tras esa elevación los Martillos de Wikia habían reunido sus fuerzas. Un campamento formado por dos hileras de Rhinos, y entre ellos unos pocos Land Raiders y Predators. Allí esperaba la Primera Compañía y algunos refuerzos de la Tercera, con un gran número de vehículos preparados para apoyar a los astartes de a pie. Una fuerza de combate más que intimidante. Cuando Crissos asomó en la altura, iluminando con las luces de la armadura, llamó la atención rápidamente cuando trazó un arco brillante con Purificadora, encendida su campo de energía relampagueante. Crissos respiró hondo. - ¡FORJAREMOS UNA NUEVA ERA! - Vociferó con un trueno por voz, respondido por el clamor de los astartes que aún esperaban su momento para subir a los transportes blindados. Heford ya habría transmitido la orden y los capitanes a su vez estarían organizando sus compañías, la gran barcaza de batalla terminando de posicionarse. - ¿Vamos a ir con todo? - Preguntó Igarb, algo extrañado. Normalmente la táctica era más prudente, aún carecían de mucha información. - No, pero quiero una respuesta rápida y buena. Sabemos dónde vamos a empezar el día, pero no dónde acabaremos. Vamos a ganar una guerra en una noche. En marcha. Más adelante, la situación de la Guardia Imperial va haciéndose a cada hora más extrema. Con la llegada de los refuerzos de la órbita, el comandante alienígena ha lanzado sus fuerzas masivamente para sobrepasar a los imperiales de un golpe rápido. "Tanta gloria lleve como descanso deja." —Praefactus, Octavo Capitán. El Coronel Kayzen había acabado luchando en primera linea, básicamente porque el resto del frente había desaparecido y el enemigo había llegado hasta él y su cuartel general, el campamento mixto instalado en las ruinas de varias factorías, ahora pertrechadas con todo tipo de baterías antiaéreas y reforzadas por la tenaz presencia de los Leman Russ. Desafiante y confiado en que el Emperador era su escudo, el coronel permanecía sobre un murete destruido disparando su pistola de plasma hacía cualquier objetivo que se descubriera. Daba una imagen impresionante con la decorada coraza plateada, con los adornos y galones de mando colgando de ella, desafiando la puntería de los alienígenas mientras su portaestandarte sujetaba la sagrada enseña tras él, y sus fusileros defendían el cuartel general a su alrededor con la fiereza de Cadia. A su alrededor los valerosos soldados de la Gloriosa se acurrucaban en los parapetos y disparaban con orden, siguiendo las directrices de disparo de los sargentos. Una larga linea de trincheras hechas a contrareloj tras la última desbandada de gran parte del regimiento era su escudo frente al obstinado enemigo. Por delante de ellos una melee interminable entre una confusión de unidades de la Guardia, donde destacaban los jinetes a caballo del 124º de Caballería Pesada de Vostroya, contra una hueste de kroots que no parecía terminarse nunca. Ráfagas de fuego de inducción, provenientes de infantería y algunos tanques en continuo e inexorable avance, apoyaban a esos alienígenas desde posiciones más atrasadas. Pronto tendría el grueso del enemigo encima, y la débil linea que estaba alejando los combates del cuartel general se rompería. La situación era como poco tensa en la última linea de defensa, y caótica en el resto. Las reservas estaban movilizadas y la mayoría del resto de unidades estaban reagrupándose en retaguardia o trabadas en una serie de escaramuzas encadenadas en todo el espectro posible, incapaces de reorganizar un contrataque y a su vez los imperiales estaban decididos a no asumir la derrota, ofreciendo una defensa a ultranza en todos y cada uno de los combates. En cuanto la melee terminara, las posiciones de la Guardia Imperial iban a ser sobrepasadas si no ocurría un milagro, así que cuando este ocurrió lo hizo en la forma del Land Raider Bodleian con una velocidad endiablada superando trincheras a trompicones, destrozando los sacos terreros y alguna posición de armas pesadas, obligando a abandonar sus posiciones a varios pelotones si no querían ser atropellados. Varios Rhinos llegaron inmediatamente siguiendo la estela del Land Raider, y los Martillos de Wikia comenzaron a avanzar campo a través directamente contra las lineas en disputa, siguiendo una linea recta como una flecha que rápidamente no solo se adentró entre la melee, sino que la sobrepaso dejando tras de sí una estela de cadáveres aplastados y abatidos por la precisión del Espíritu Máquina del Land Raider en cabeza y los artilleros de los Rhinos. Los Guardias Imperiales cercanos a Kayzen enmudecieron con asombro cuando más de esos gigantes acorazados, los Ángeles de la Muerte del Emperador, tomaban posiciones entre ellos. El apoyo de los Devastadores se afianzó reforzando la última linea con alguna escuadra táctica de la Tercera Compañía que ya avanzaba e instaba a la propia Guardia a avanzar. Cuando alzaron la vista al cielo, contemplaron con el mismo sobrecogeimiento la lluvía de cápsulas de desembarco. Toda la Segunda y parte de la Cuarta Compañía se sumaba al combate cayendo pesadamente directamente en los focos principales de conflicto, rompiendo las lineas Tau desde sus propias posiciones. Kayzen dudó, pero cuando buena parte de su propia escolta abandonó el parapeto secundando los gritos de guerra se vio obligado a ceder al impetú general, a la algarabía y ansia guerrera que los astartes habían despertado en sus hombres. Ordenó el ataque, una sencilla orden mascullada contra el oficial de comunicaciones quien la repitió continuamente. El Coronel no pudó más que formalizar al desenfrenada carga de la Gloriosa, siguiendo la estela de los astartes. En el interior del Land Raider Bodleian los proyectiles repiqueaban impactando las capas exteriores de blindaje como la lluvia, descorchando la pintura y oscuriendo los brillantes símbolos de oro de honor y de los Martillos que lo recubrían entero: En al menos tres ocasiones un gran impacto hizo tambalear la gran máquina de guerra. El Espíritu Máquina estaba al límite, dedicando todas las armas del poderoso tanque a la aniquilación. Cuando el piloto volvió a informar de los daños, Heford gruñó buscando la mirada de su señor. - Nos estamos adentrando demasiado. La Guardia Imperial no puede seguir este ritmo. - Aún con la distorsión del casco, Heford se las apañó con el tono de voz para que Crissos entendiera lo que no añadía. "Y los Martillos tampoco." - Aún no. Hemos de avanzar más. - Contestó secamente Crissos. No se había puesto el casco, que colgaba de su cintura. No era del todo extraño que el Señor del Capítulo prescindiera de su protección y de los sentidos automáticos y potenciados del casco astartes, en muchas ocasiones había prescindido de él para envalentonar a sus hombres. Heford no creía que esa fuera una de esas ocasiones, y estaba seguro de que al menos Varris pensaría como él. Pero había algo en la furibunda mirada del Viejo que le hacía creer que no recibiría bien un reproche en esos momentos. Heford iba a decir algo más cuando el Land Raider crujió de forma espeluznante y torció su rumbó encallando en algún zurco del terreno violentamente. Los encajes magnéticos los mantuvieron ferreamente sujetos, y a un seco gruñido de Crissos los cinco miembros de la Guardia de Honor se desanclaron para avanzar hacia la trampilla frontal del vehículo de asalto: Esta bajó pesadamente descargando una lluvia de granadas de fragmentación en un amplío arco. Los kroots que habían retrocedido lo suficiente como para quedar cerca de donde encalló Bodleian, y un puñado de Guerreros del Fuego sufrieron la desagradable sorpresa de la rampa, y el resto lo que pudó ver a través de la humareda, las explosiones y los restos de sus compañeros fueron los brillantes visores de los Exterminadores un instante antes de los primeros disparos de bólter de asalto. La Guardia de Honor se desplegó en un prieto abanico protegiendo en su centro al Señor del Capítulo, que sujetaba la chisporreante y ansiosa Purificadora en la diestra y el escudo tormenta en la siniestra. Rugientes y temibles, masacraron con precisión y presteza a los alienígenas cercanos, y avanzaron repartiendo brutalidad sin echar un solo vistazo atrás. Tras ellos Bodleian sangraba desde dos perforaciones graves, una en su lateral y otra en el frontal; Allí donde los terribles disparos de los raíles de una de las XV88 habían hendido hasta matar al piloto y malherir los mecanismos de la barquilla, inutilizando el cañón láser. Aún así el furioso Espíritu Máquina seguía manejando el resto del arsenal de la reliquia mecanizada: El otro cañón láser cobró su venganza alcanzando la gran armadura anclada sobre una loma lejana, insultantemente expuesta; La desestabilizó y la obligó a retroceder con graves daños, refugiándose. El cañón de fusión desintegró una pareja de kroots que pretendían liderar el asalto contra los astartes recién desembarcados, el zumbido y rugido de Bodleian acompañó a los Exterminadores todo el combate. Éstos comenzaron a avanzar sobre el terreno reblandecido por las bombas y los restos mortales de los que habían permanecido demasiado cerca de la rampa. Heford aplastó contra el suelo al primer kroot moribundo que reaccionó intentando alcanzar su arma con un brazo que ya no tenía mano: La pesada bota le aplastó la cabeza con un desagradable crujido, impasible, y con una ráfaga descuidada del bólter de asalto barrió a tres más de aquellos infectos alienígenas, obligando al resto a pensarse mejor el exponerse para el asalto. El Hermano Varris descargó rápidamente el cañón de asalto de forma de que en un ángulo frontal suyo en poco no quedó nada hostil vivo, Purificadora quedó sin probar sangre ante el despliegue de la Guardia de Honor y el apoyo del Land Raider. - ¡SEGUIDME! ¡QUIERO ESTO LIMPIO PARA CUANDO LLEGUEN LOS HERMANOS TÁCTICOS! - Crissos gritaba incluso a través del intercomunicador como si ello hiciera que la orden se cumpliera más rápido. No se molestó en levantar aún el escudo tormenta, convertido en un tanque humano podía ignorar los débiles disparos de los rifles kroot y las armas de la infantería Tau, que llegaban esporádicamente a su posición con timidez, aún desestabilizados por la profunda herida que había abierto la columna blindada, y el caos que semblaban entre sus filas las cápsulas de desembarco. Aquel día los Martillos de Wikia aprendieron lo patéticamente mal que reacciona la Casta del Fuego cuando sus planes se vienen abajo. El Señor del Capítulo señaló al frente con Purificadora y su Guardia de Honor comenzó a avanzar ignorando a los kroots retirándose, hacia las verdaderas posiciones Tau. Sólo eran cinco, pero nadie les salió al paso: O no pudieron, o no se atrevieron. Los Tau tenían más que suficiente con intentar contener las escuadras del resto de la Primera Compañía, desplegándose a lo largo del campo de batalla desde sus Rhinos y otros Land Raiders, con todo el apoyo que podía proporcionar el Capítulo. Las unidades más aventajadas de la Guardia Imperial, como los restos de su Caballería, alcanzaron también las posiciones de los Marines Espaciales, y la batalla se convirtió en un inexorable avance en la nocturnidad expulsando a los Guerreros de Fuego de cada hondonada, cada pozo de tirador y cada muro que pudieran encontrar como defensa y cobertura. Los combates se extendieron por todo el subsector planetario, prolongándose durante toda la noche cambiando el rumbo del conflicto en cuestión de minutos y horas: Los Martillos de Wikia hendieron las filas Tau como la precisa espada que era, un arma blandida por el bendito puño del Emperador. Poco después, prosiguiendo la batalla tras la Guardia de Honor... "De él aprendí el valor de la auténtica amistad y lealtad. Su ejemplo perdurará en el Capítulo, contemplad su legado y honradlo." —Raum, Señor de la Santidad. El descanso fue más que breve, lo suficiente par lamentar la muerte de Igard y para solicitar un bombardeo orbital que despejara la ruta más directa. Una de aquellas exóticas grandes armaduras autopropulsadas lo abatió con varios impactos certeros de plasma y fusión antes de que Crissos la alcanzara y partiera, practicamente, en dos de un certero mandoble. Después de aquello, amaneció y Crissos concedió detenerse para evaluar la situación. Guarnecidos tras los restos retorcidos de otra factoría, del complejo que estaban usando los Tau de centro de mando; Allí su defensa había sido férrea, a ultranza. La mayoría de la Primera Compañía había quedado estancada en la primera linea de edificios, y la Guardia Imperial estaba recibiendo una auténtica paliza. Su Coronel hacia una escasa hora que había ordenado la retirada. - Estamos demasíado lejos de los nuestros. - Se quejó Varris por el comunicador interno de la escuadra. Estaba vigilando el tortuoso camino lleno de escombros por el que habían venido, un espacio entre ruinas y edificios maltrechos ahora lleno de cadáveres aún enfriándose. - Estamos donde debemos, junto al Señor del Capítulo. - Replicó impulsivamente Mathias. La energía de la Armadura de Exterminador aún les duraría días, y ellos eran capaces de mantener ese ritmo durante semanas, sin a duras penas descansos, sin comer, alimentándose sólo de los víveres líquidos almacenados dentro de la armadura. Mathias se lo pensó mejor, encarándose hacia Heford. - Pero es verdad. Nos hemos quedado sin apoyo. Heford levantó el puño de combate hacia el cielo, visible entre las agrietadas paredes y el techo en gran parte hundido a una veintena de metros por encima de ellos. La luminosidad incandescente de una batería de lanzas iluminó la escena, cortando las nubes y provocando el lejano rumor de la destrucción. - Ahí tenéis vuestro apoyo, Martillos de Wikia. El impacto un proyectil de un calibre inimaginablemente grande restalló mucho más cercano, el suelo tembló y las entrañas del edificio que les cobijaba crujieron recordando la amenaza de derrumbamiento. - Niños. - Interrumpió Crissos dándoles la espalda. - Si nos detenemos ahora, huirán. Sea quien sea que dirige esta horda xeno, se retirará y volverá. Hoy no pasará eso. - El Señor del Capítulo gruñió y sus servomotores crugieron notificándoles del brusco movimiento que estaba preparando. El resto se alertó y preparó para seguir la marcha. - No pasará en mi guardia. Tenemos un deber que cumplir, Crissos se impulsó contra el grueso muro de hormigón y lo atravesó limpiamente, el resto de Exterminadores lo siguieron atravesando una gran nave cubierta de restos y desperfectos, atravesando cúmulos de ruinas hasta alcanzar nuevamente un espacio abierto. Heford fue el primero en poner un pie en el pavimento destrozado y recibió tres impactos certeros de inducción; La armadura resistió estoicamente y él se giró levantando el bólter de asalto. - ¿Eso son... humanos? - Inquirió, con un titubeo que le costó otro impacto. Devolvió el fuego mientras Varris le avanzaba y equilibraba el cañón de asalto, con el crujido del esfuerzo de los servomotores de fondo. A una veintena de metros, una escuadra de hombres vestidos como los alienígenas intentaban cortarles el paso tras una barricada prefabricada con alguna aleación metálica que desconocían. El pequeño muró resistió los impactos de bólter, pero el cañón de asalto lo descuartizó privándoles de protección a los traidores que no tardaron en sucumbir a la concentración de disparos. Cuando Crissos alcanzó su posición ya no quedaba nada que acuchillar, equilibró su arma y señaló la siguiente dirección. - Las respuestas llegarán con la calma, aún queda lucha. - Atajó el Señor del Capítulo. Iba a continuar mientras el resto alcanzaba la encrucijada donde habían intentado detenerles. El lejano y característico zumbido del motor gravítico de uno de los tanques del enemigo interrumpió toda explicación. Más soldados enemigos se movilizaron para interceptarles, surgiendo de otro de los edificios que a duras penas había resistido los bombardeos anteriores. Una lluvía de misiles los precedió, y Crissos levantó el escudo tormenta comenzando a correr hacía ellos. Los pequeños proyectiles explotaron entre los Exterminadores con una precisión inhumana, corrigiendo el ángulo de disparo y danzando en el aire hasta impactar. - ¡ADELANTE! - Bramó Crissos, impasible ante la lluvía de disparos. Una de las grandes armaduras del enemigo hizo acto de presencia con un cañón rotativo de gran calibre y su fuego incesante desde un piso superior desestabilizó al Viejo, ralentizando su carga. - ¡Arriba! - Señaló Heford, disparando contra la Armadura Crisis. Esta se escabulló utilizando sus retrorreactores hacia el interior del edificio, y su andana sólo destrozó permacemento y cristales. - ¡Al frente! - Interrumpió Mathias, que intentaba seguir el ritmo de Crissos. Uno de los misiles había dañado su armadura a la altura del muslo derecho, y crujía por el sobreesfuerzo mecánico de la extremedidad dañada. Si el astartes estaba herido, no lo mostró. El Cabezamartillo hizo su aparición con una nueva andana de misiles, haciendo alarde de su vasta tecnología cuando su módulo lanzamisiles mostró como los proyectiles esquivaban tanto la esquina del edificio por el que desenfilaba, como a sus propias tropas. Los misiles danzaban con una inteligencia programada capaces de evitar los obstáculos hacia su enemigo. - ¡A CUBIERTO! - Graznó Crissos, no por la nueva tanda de explosivos, sino por el largo cañón principal que el tanque estaba dirigiendo hacia ellos. El Señor del Capítulo llegó a distancia suficiente para asestar el primer mandoble, y dos Guerreros del Fuego cayeron partidos en varios trozos; Tras él se sucedieron las explosiones, el gran rail del acelerador lineal relampágueo cargado de energía y finalmente liberó su carga en forma de un haz de brillante luz que sobrecalentó los sensores de Crissos. Un proyectil luminoso que impactó directamente en Mathias, atravesando limpiamente la armadura de Exterminador. En la pantalla interna de Heford, Mathias pasó de verde a rojo. lo que sólo podía significar que había sufrido una muerte inmediata. Rugió de rabia y siguió disparando mientras se terminaba de recuperar de las explosiones, su armadura le advertía de que había recibido daños y notaba que los servomotores no le impulsaban tan fluidamente como antes. Crissos volvió a descender a Purificadora troceando un alienígena, con un revés del escudo apartó a otro par y finalmente se abrió paso entre la escuadra de Guerreros del Fuego avanzando pesadamente volviendo a equilibrar el gran espadón. La estocada del Señor del Capítulo atravesó el blindaje del tanque como si fuera manquetilla, hendió hasta la empuñadura y ascendió el arma mientras el interior chispeaba y colabsaba al destrozar la electrónica interna, y seguramente a algún tripulante. Cuando extrajó a Purificadora del amasijo de metal. relampagueando, estuvo bien cerca de partir en dos el vehículo. El Cabezamartillo se ladeó, exalando humo por la gran fisura y chisporreando electricidad allí donde había conductos cortados en dos. El disparo del acelerador lineal pasó errático junto a Heford, inundándole de una ola de calor y cegando los sensores de su armadura, el visor pestañeó reiniciándose tras la agresiva exposición; Él siguió avanzando atravesando como un tanque humano los residuos dispersos por el camino. Cuando recobró la visión se encontró dando de bruces con los apurados Guerreros del Fuego: Hundió a uno contra el asfaldo con el puño de combate y apartó a una pareja con el brazo derecho, haciendo sitio para una ráfaga de bólter contra el Cabezamartillo dañado. Los proyectiles explosivos estallaron contra su blindaje exterior en su mayoría, pero algunos restallaron en el interior, con suerte maltratando aún más a la tripulación. El tanque avanzó intentando poner distancia entre ellos y un nuevo mandoble de Crissos dañó uno de sus grandes motores, con un estallido y un quejido subsiguiente cuando el ladeó del Cabezamartillo se pronunció cada vez más y finalmente chocó contra el suelo arrastrándose fuera de control hasta cruzar totalmente la calle e inmovilizarse. - ¡Más contactos! - Advirtió Crissos, señalando. - ¡Varris! No hubo más palabras, Crissos se desplazó aplastando Taus directo hacia el tanque de nuevo mientras Heford terminaba de ejecutar la primera escuadra. Varris no alcanzó su posición. La intensa luz de un disparo de rifle de fusión le atravesó el yelmo de lado a lado y el astartes de la Guardia de Honor se quedó inmóvil, sin vida, bajando los brazos aún en pie. Heford se giró entre una tormenta de disparos, según nuevos Guerreros del Fuego surgían entre las ruinas adyacentes, rodeando a la pareja de Exterminadores que quedaba en pie. Una de aquellas armaduras más pesadas, con railes montados sobre los hombros, hizo su aparición. Heford se protegió contra la maltratada esquina evitando la primera ráfaga de plasma de la XV88 con el brazo derecho alzado, buscando al objetivo que le preocupaba: ¿Quién había matado a Varris? Crissos seguía luchando, lo oía imprecar por el altavoz y los pesados barridos de Purificadora, pero no podía ayudarlo descuidando su retaguardia. Repasó los pisos superiores y por el rabillo del ojo distinguió el fugaz destelló azul de un arma alienígena. Se agachó instintivamente y el disparo de fusión derritió el permacemento tras él. Su disparo de respuesta fue igual de instintivo, agotó el cargador contra la última posición de la armadura alienígena y la interceptó cuando alzaba el vuelo nuevamente hacia el interior del edificio en busca de cobertura. A la XV8 Crisis le explotó el retrorreactor izquierdo y la lanzó hacia delante con violencia, perdiendo el equilibrio y cayendo desde el cuarto piso de lo que quedaba de lo que posiblemente fue un almacén. La gran armadura tripulada corrigió su caída con el retrorreactor que le quedaba y se posó en mitad de la calle pesadamente, grácil, hundiendo el asfalto. Exalando vapores y crujiendo sus propios servomotres, dirigió la cabeza artificial hacia Heford. Al astartes no le hacía falta más información para adivinar que los detalles únicos compleja armadura, y su distinta composición de los colores, que estaba ante alguien único ¿Una élite? ¿Un campeón? ¿Un líder? El pensamiento de que ese era el auténtico objetivo de Crissos le pasó fugazmente por la cabeza. Entonces el Tau disparó, y ya no hubo más tiempo para distracciones. El brazo izquierdo de la Crisis terminaba con un bláster de fusión, sobre su hombro derecho un amedrantador cañón de alta cadencia, y en su brazo derecho lucía los destrozados restos de un generador de escudos: La armadura de Heford analizó rápidamente todo ello y aunque crujió y se quejó por los impactos del cañón, el arma de inducción parecía incapaz de superar las gruesas capas de ceramita y adamantio. Eso le dio tiempo para cubrir la mitad de distancia acribillándole con el bólter antes de que el fusión volviera a disparar. Aunque Heford veía con claridad como saltaban trozos de blindaje a cada impacto de su arma, y estaba destrozando literalmente la XV8, ésta no retrocedió. Se mantuvó todo lo equilibrada que pudo y disparó el arma que había demostrado que sí podía herir la más avanzada protección individual que podía ofrecer el Imperio de la Humanidad. Maltrecha su precisión por el acoso del astartes, el disparo se desvió hacia el hombro y, tal y como ocurrió con Varris, el haz de calor pasó de lado a lado arrancándole el brazo a Heford, cauterizando la herida del propio disparo y sumiéndole en un profundo e intenso dolor que amenazó con desmayarlo. Aún conservaba el puño de combate, y sólo mediante la más férrea fuerza de voluntad y a recurrir desesperadamente al intenso entrenamiento psicoquímico para fortalecer su mente, superó el dolor y la pérdida de sangre; El Exterminador siguió avanzando, titubeante, ladeando el cuerpo para dar todo el impulso posible a su puño de combate. La armadura empezó a retroceder sin dejar de disparar hacia el hombro. Un paso, otro; tres hasta que volvió a detenerse para encañonar a Heford con el rifle de fusión: Un disparo a quemarropa, un cegador haz que le abrió un gran agujero en el pecho. Una herida que debería matar en el acto a cualquier ser vivo, y detenerlo en seco. Una herida que no pudó detener al Campeón de los Martillos de Wikia. - ¡NYUMBAAA! - Rugio Heford completando su carga, estampando el puño de combate contra el torso de la armadura. El campo de energía del guantelete y el gran impulso conllevaron en la desintegración del blindaje exterior y a aplastar la cabina colocada en el centro de la Crisis, aniquilando al piloto y contrayendo toda la gran armadura. La Crisis se derrumbó convertida en chatarra, sangrando tanto de sus conductos alimentadores como por la savia de su piloto: Heford se derrumbó a su lado dirigiendo su última mirada y pensamiento en busca del Señor del Capítulo. Sumiéndose en la oscuridad, sólo distinguio el brillo inconfundible de Purificadora sembrando muerte. Crissos no paró de ascender y bajar a Purificadora en arcos largos y poderosos, arrancando brazos y torsos con facilidad mientras se protegía con el escudo tormenta de los disparos de plasma provenientes de la Apocalipsis. Tenía la armadura cubierta de sangre alienígena y la armadura de Exterminador se quejaba a cada nuevo paso, debilitada en diversos puntos ante la larga exposición a los disparos e incluso a los desesperados golpes de los Tau. No sabía de dónde salían tantos de ellos, pero se le interponian temerariamente acercándose a él disparando a quemarropa, en un caos por el que él se abría paso como un buque rompehielos por un glaciar. No pensó en el por qué de su táctica desesperada y suicida, Crissos sencillamente dejó que el guerrero que era tomara el control: No distinguió más que enemigos y amenazas, eliminándolos a pares obligando a la armadura a seguirle pudiera o no, cada vez con mayor esfuerzo según los servomotores iban siendo dañados. El doble rail de la Apocalipsis volvió a disparar y esta vez acercó en el blanco: Crissos sobrevivió al disparo por el escudo tormenta alzado, y su campo de energía entró en contacto con el poderoso disparo concentrado, sobrecargándolo. El calor trascendió el campo de energía y Crissos apartó el escudo un instante antes de que estallara en mil pedazos de adamantium medio fundido, con un fuerte estallido que quebró los huesos de su brazo. El prominente dolor fue mitigándose según los inyectores de estimulantes de la armadura funcionaban: Crissos aún tenía un brazo sano y capacidad para moverse, su lucha tardaría en terminar. Aproximadamente una hora más tarde... "No lo echabais tanto de menos cuando os gritaba por todo..." —Hel Vaal, Décimo Capitán. - ¡Sargento Skarus! ¡Los hemos encontrado! El rugido del retrorreactor del sargento de asalto razgó la quietud del ambiente acercándose a toda velocidad hasta posarse junto a sus dos hombres. Ambos astartes rodeaban con sumo respeto el cadáver en pie de Varris, indecisos a sobre qué hacer. Un tercer Marine de Asalto escaneaba los restos del comandante Tau y a Heford. El resto de los supervivientes de la escuadra estaban repartidos por el recinto industrial en busca de pistas sobre su Señor del Capítulo y del enemigo. - ¡Está vivo! - Exclamó con sorpresa Skarus al acercarse. Había signos vitales en Heford, mínimos, sumido en el profundo sueño que empleaban los Marines Espaciales para obligar a su cuerpo a invertir la máxima energía restante del mismo en la autoconservación y la recuperación. Por muy formidable que fuera la anatomía astartes, Skarus podía meter su puño entero en el agujero que tenía Heford en el pectoral. Que estuviera vivo era más que milagroso. Con un aspaviento cambio la frecuencia inmediatamente, llamando al Apothecarion. Si había posibilidades de salvar a un héroe como Heford, el Capítulo pondría todas sus energías en ello. - ¡Cuidalo, Hermano! ¡Hemos de seguir buscando! - Skarus llamó la atención de la otra pareja de astartes y siguió el destrozado asfalto hasta alcanzar la encrucijada próxima. Encaramándose a los restos aún humeantes de un Cabezamartillo destrozado, con hendiduras que le daban el aspecto de haber sido abatido por un inmenso animal, contempló el claro rastro de muerte y destrucción. Hacia su derecha había toda una hilera de Guerreros del Fuego, algunas armaduras de combate y kroots que alfombraban la calle en una amalganan sangrienta y despedazada de cadáveres, depositados allí donde habían sido mutilados y aplastados. Había una sangrienta senda abierta entre la matanza, y Skarus comenzó a recorrerla con paso cauteloso examinando por encima los cuerpos despedazados, abiertos y partidos en dos, o directamente con los huesos aplastados. La brutalidad con la que habían sido asesinados no tenía medida, pero él ya había visto cuerpos así antes. Ni siquiera era la potencia de un puño de combate lo que había causado aquellas muertes, esos enormes cortes sólo podían corresponder a Purificadora. - ¿Qué... le ha pasado? - Preguntó uno de sus compañeros cuando rodearon los restos de una armadura de combate alienígena, una de las versiones pesadas. Estaba irreconocible y retorcida, aplanada contra el suelo como si la hubieran golpeado con una inmensa pala. - Que se interpusó en la ira del mayor guerrero. - Respondió sombríamente Skarus. El rastro se adentraba entre un edificio derrumbado, y comenzaron a trepar restos ensangrentados. Cuando encontraron al Señor del Capítulo este estaba posado sobre una rodilla, de espaldas a ellos, con Purificadora invertida. No había signos vitales, ni en la maltrecha armadura de exterminador teñida de rojo, ni en el Tau que permancía empalado por el gran espadón, un ejemplar vestido con lo que otros considerarían elegancia. No parecía un guerrero, y Skarus no le dedicó más que un vistazo superficial. - No... puede... - Empezó el astartes de su derecha, Skarus no respondió y siguió acercándose. No se dió cuenta de que lo hizo solo, los otros Martillos de Wikia quedaron paralizados. - Omnio Sapere ¿Me recibe? - Murmuró Skarus. El frontal de Crissos estaba totalmente ennegrecido por los disparos y la sangre seca, la armadura de exterminador agrietada en la gran mayoría de sus secciones. No encontró ninguna herida mortal, nada que le llevara a asumir qué lo había matado más allá de la sencilla suma y la pérdida de sangre. El tipo de heridas que no podían matar a un astartes. Los apotecarios concluirían que sus corazones sencillamente habrían parado. - Aquí Omnio Sapere. - Respondió inmediatamente el oficial de comunicaciones. El traqueteo del puente sonaba de fondo, contrastando con la quietud alrededor de Crissos. Skarus contestó en otro murmullo, como si temiera interrumpir algo si alzaba la voz. - Retransmita a todo el Capítulo. El Señor del Capítulo Crissos ha muerto en combate. Semanas más tarde... "No ha habido un astartes tan recto e insparador como el Viejo. Dio todo de sí hasta sus últimos momentos, el Adeptus Astartes lamentará su pérdida durante milenios." —Lars Orvan, Primer Capitán. Cuando Raum terminó de descender a la penumbra solemne del Círculo Interior, trece pares de ojos confluyeron en él. Los diez capitanes, el Señor del Apothecarion, el Ojo del Omnissiah y el Bibliotecario Jefe estaban distribuidos en la gran mesa ovalada de las reuniones. Era la primera vez en siglos que aquella mesa estaba llena. Sólo había una dolorosa vacante: la silla del Señor del Capítulo estaba vacía, Purificadora permanecía sujeta en un campo de fuerza invisible como un recordatorio físico de la muerte de Crissos. - Capitanes, Hermanos. Martillos de Wikia. - Comenzó Raum, que sintió la boca seca. Los miró con pesadumbre, sabedor de que la silenciosa harmonía pronto iba a quedar atrás. Les tocaba una difícil elección. - Nuestro Campeón, Heford, no podrá acompañarnos. No como antes, sus heridas son demasiado graves para el servicio activo. Será recluido en un sarcófago de dreadnought. La noticia ya había corrido, pero era una formalidad necesaria. Heford no tomaría las riendas del Capítulo, como esperaba el propio Crissos. Era la elección correcta, la obvia. La que necesitaban. Raum se sentó pesadamente, con la presión de la responsabilidad hundiéndole los hombros y el ánimo. Volvió a alzar la cabeza para contemplarles uno a uno, despacio. - Desde este momento, el Círculo Interior se reúne para elegir el sucesor de Crissos, y por tanto, el siguiente Señor del Capítulo. Categoría:Relatos Martillos de Wikia
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