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| - ...A pesar de ser un planeta con oxigeno y lleno de vida vegetal, el calor y la humedad hacían de los sitios cerrados un lugar de bastante dificil hábitat. En aquella cueva, madriguera, para algunos insectos y parásitos, el ambiente estaba muy viciado, el aire practicamente irrespirable y el hedor a cerrado y a podrido eran realmente fuertes, Todas esas características, pero, no afectaban a ninguna de las criaturas que allí habitaban: ya eran del tamaño de una ameba, o un simple insecto. Por supuesto, para la criatura mas grande aletargada durante siglos en el suelo tampoco había sido ningún calvario.
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| - ...A pesar de ser un planeta con oxigeno y lleno de vida vegetal, el calor y la humedad hacían de los sitios cerrados un lugar de bastante dificil hábitat. En aquella cueva, madriguera, para algunos insectos y parásitos, el ambiente estaba muy viciado, el aire practicamente irrespirable y el hedor a cerrado y a podrido eran realmente fuertes, Todas esas características, pero, no afectaban a ninguna de las criaturas que allí habitaban: ya eran del tamaño de una ameba, o un simple insecto. Por supuesto, para la criatura mas grande aletargada durante siglos en el suelo tampoco había sido ningún calvario. La cueva no tendría mas de 3 metros de profundidad y no era grande, unos simples 5 metros; de techos bajos y salientes rocosos y puntiagudos. Realmente un agradable lugar para gusanos y mosquitos. El paso del tiempo solo había hecho crecer el musgo y llenado mas la cueva de rocas desprendidas y polvo arenoso del lugar hasta cubrir por completo su superficie y los restos que en ella había. El caso es que por aquel entonces la criatura estaba totalmente cubierta y, de no ser por el montículo, nadie podría haber sabido que allí dormitaba ese ser. A pesar del sueño profundo en el que se encontraba, pudo sentir el siseo, quizás zumbido, que resonó en su mente como si fuera una orden. Sabía lo que eso significaba, ya lo había escuchado otras veces y estaba al corriente de lo que iba a pasar. La criatura abrió los ojos como por espasmo. Recreó sus sentidos obnubilados intentando descifrar en la oscuridad del lugar en que punto se encontraba el resto de sus congéneres. En su mente volvió a resonar el grito que antes lo había despertado. Sin desperezarse del todo,cerró una de sus garras tan rapidamente y tan fuerte que incluso algunos insectos pudieron verse sorprendidos. El sonido cuasi metálico y opaco que produjo su garra al cerrarse despertó en él la sensación de utilidad de las mismas para despedazar y mutilar a sus víctimas y ello le llevó a la insaciable verdad: estaba hambriento.
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