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| - Me tope con Creed por primara vez hace veinte años. ya que mi propio regimiento. el 219 de los Granaderos de Albitern, luchaba junto al Octavo de Cadia en Amistel. A mí, lógicamente, me habían destinado temporalmente al estado mayor del Comandante Marcial Kleomenes para trabajar en colaboración con los altos oficiales del Departamento Munitorum. Fue una gran ocasión, ya que yo era el quinto miembro de mi clan en recibir tal honor. Debo confesar que la conducta del entonces General Creed no era la que yo me había esperado por parte de un oficial y se me hizo evidente que este no comprendía en absoluto la manera en que debía comportarse entre el estado mayor. Para empezar, el incidente de los suministros. Me encontraba supervisando nada menos que cinco almacenes del Munitorum junto con todo el personal y nueve compañías de trabajo y tenia una compañía de seguridad del 219 a mis ordenes. Era una posición importante. Entonces Creed y aquel ruidoso campesino que tenía por sargento portaestandarte vaciaron uno de mis almacenes de munición y de suministros médicos sin seguir el procedimiento correcto. La noticia me llego cuando un teniente de cara pálida se presento en mi despacho y me informo de que Creed acababa de aparecer con sus hombres, que habían roto las puertas y que habían cogido todo lo que querían. Tal demostración de anarquía no puede tolerarse en las fuerzas del glorioso Emperador. Ni que decir tiene que perseguí a Creed con el máximo rigor posible de los códigos prebostes del Codex Imperialis. Sin embargo, en aquel momento, el octavo de Cadia estaba combatiendo en la Sierra de Barbazzar contra los Orkos Machakazul y no pude presentarle una orden a Creed porque estaba en el frente y no había manera posible de llegar hasta él sin correr peligro. Lo más exasperante fue que, cuando los cadianos acabaron por expulsar a los Orkos de las montañas y luego los exterminaron en las llanuras al otro lado. Creed no solo ya había usado todos los suministros robados. sino que además se había ganado cierta popularidad entre los altos cargos del estado mayor. Khan Harumaon, aquel guerrero atilano vestido con pieles, no podía dejar de referirse a Creed como "el mejor de sus halcones cazadores" y en cada cena brindaba ruidosamente en su honor. El Comandante Marcial depositó una gran confianza en las palabras de Harumann y mi orden de arresto fue anulada silenciosamente. Yo protesté, pero me hicieron ver que podría verme de vuelta con mi compañía en el campo de batalla y no podía deshonrar el nombre de mi familia. así que me callé. Más tarde me vi asignado al personal del Capitán General Kassel, que se encontraba al mando de mi propio magnifico 219, de los malditos cadianos de Creed y de unos cuantos regimientos más. El ejército conformaba el flanco derecho de nuestras fuerzas y se le encomendó la misión de atacar al flanco de los Orkos en Scardale, una región de muchos barrancos que era infranqueable para la mayoria de vehículos. Yo, por supuesto, recomendé al capitán general que llevara a cabo un avance firme, barranco por barranco. de modo que los suministros pudieran ir llegando antes del siguiente paso. Recuerdo como si fuera ayer cómo Creed me soltaba resoplidos de desprecio. La insolencia de aquel hombre era totalmente inverosímil. Lógicamente, me era imposible exigirle modales con aquel asesino de cuello de toro llamado Jarran Kell a sus espaldas, así que no pude hacer otra cosa que escuchar su diatriba de aficionado con la que afirmó que la rapidez era la clave. No podía dar crédito a mis oídos cuando aquel viejo chocho de Kassel estuvo de acuerdo con el plan de Creed. No había estado tan furioso en todos mis años en el ejército. Me di cuenta de que tenia que hacer algo para proteger el honor de la guardia del Emperador de aquel matón beligerante e irrespetuoso. Me encontré con media docena de los mejores muchachos del 219 y, después de hacerles jurar silencio, les dejé claro que había que darle una buena lección a Creed. Estaba en el club de estado mayor, tomando una copa y dejándome ver cuando de repente se me llevaron. Mis agentes no solo me habían fallado, sino que además aquellos perros traidores me habían implicado. Cuando el ataque de Creed cubrió cincuenta kilómetros en tres días y atraveso las llanuras, mi destino quedo sellado. Que una persona como yo hubiera caído tan bajo. y por un hombre como Ursarkar Creed, era un ultraje para mi clan y para mi reputación. No existe mayor deshonor que estar al mando de una unidad penal, pero este es mi destino y, mientras a un vulgar matón de colmena se le de el permiso para ponerse al mando de ejércitos enteros, estoy seguro de que este será el destino de muchos otros buenos oficiales. - Coronel Sackvillc Slade, primer regimiento de trabajos forzados de Bar-el. Muerto en 997.M41 durante un motín regimental.
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