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| - 300px|right Los Nephilim (הנּפלים, en hebreo; y Nefilim, en español), cuyo nombre significa literalmente "los caídos", son una raza de gigantes que no pertenecen a la mitos griegos, celtas o nórdicos, sino a la mitología de la Biblia. Existe una tendencia, similar a una ecuación de conveniencias, por la cual los mitos de la Biblia suelen ser tomados como verdades reveladas cuando no contradicen a la razón, y como verdades poéticas repugnan a la lógica. Esto no sería grave, ni particularmente tendencioso, salvo que esta ecuación suele, además, clasificar a los mitos clásicos, y los no tanto, como historias coloridas que ilustran un pasado pagano e ignorante. Para estos iluminados judeocristianos el mitófilo es, en cierta forma, una abstracción infantil que rastrea la verdad en un caos de héroes, dioses y demonios antiquísimos, huyendo cobardemente de la verdad absoluta, es decir, de la verdad de la Biblia. ¿Pero qué sucede cuándo este cándido mitófilo sostiene que la Biblia, como toda obra religiosa antigua, no es otra cosa que una serie de mitos organizados, mutilados, traspolados y diseccionados para encajar dentro de una historia. Seguramente el mitófilo exagera, tal es su naturaleza, aunque como prueba de su veracidad podría extraer cualquier mito de la Biblia y examinarlo sin oscuras creencias que enturbien su razón. Por ejemplo, el mito de los Nephilim: los hijos de los Ángeles Caídos. La palabra Nephilim significa "derribadores", e integran el ciclo mitológico más extraño de todos. Naturalmente, nos referimos al mito judeocristiano. En el Génesis (6:1-4) se llama a los Nephilim los "Hijos de Dios" (Bnei ha'elohim), aunque en muchas versiones de la Biblia se los traduce simplemente por Titanes o Gigantes. Los arameos, pueblo misterioso y guerrero, llamaban Nephila a la constelación de Orión, dato que algunos señalan como prueba del origen celeste de estas criaturas antediluvianas. Esta asociación ha dado una cifra escandalosa de especulaciones acerca del origen extraterrestre de los ángeles. Zecharia Sitchin, sin ir más lejos, considera en sus Crónicas de la Tierra (Earth Chronicles) y El duodécimo planeta (The 12th Planet), que los Nephilim son, en realidad, los siniestros Annunaki. Los Nephilim pertenecen a la estirpe de los Ángeles Caídos, de quienes se afirma que cayeron muchos siglos después de la batalla entre el arcángel Miguel y Satán, escaramuza que dio por resultado la expulsión del segundo a las lóbregas cámaras del inframundo. Estos segundos Ángeles Caídos no perdieron su status en el cielo por un acto de rebeldía filosófica, al estilo luciferino; por el contrario, su caída se debió exclusivamente a cuestiones carnales, ya que estos Ángeles Caídos se enamoraron de las mujeres mortales, y descendieron de las estrellas para saciar una especie de fogosa lujuria sideral, pretérita, cuyas implicaciones han devanado los sesos de los teólogos. Estos Ángeles Caídos eran gobernados por Semihazah y Azazel. "...Y aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, al ver los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas..." "...Los nephilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama." (Génesis, 6, 1-4) Los Nephilim no sólo aparecen en la Biblia ortodoxa, también cumplen un rol protagónico en El Libro de Enoc, donde se los acusa, entre otros males, de provocar la ira de Dios que desembocó en el Diluvio Universal. "...la destrucción de toda la humanidad fue provocada por estos seres." (Libro de Enoc, 10:1-9) "...no fueron creados según los planes de Dios." (Libro de Enoc, 10:15-16 7) Otras versiones aseguran que los Nephilim se cruzaron únicamente con las hijas de Caín, con el propósito de mezclar su sangre impura con el resto de la humanidad, contaminando de este modo la estirpe celeste de Adán y Eva. El libro de Enoc hace de los Nephilim los herederos de la Lengua Adánica, descifrada por John Dee, y conocida como Enoquiano, el idioma de los ángeles. Esta historia puede examinarse con mayor detenimiento en el libro prohibido "Diccionario enoquiano: los ángeles caídos", de John Dee y "El libro de Enoc" (The Complete Enochian Dictionary: A Dictionary of the Angelic Language). Así se describe a los Nephilim en El Libro de los Jubileos: "...allí nacieron los famosos gigantes (Nephilim) de los primeros tiempos, de gran estatura y expertos en la guerra. Pero no fue a ellos a quienes Dios eligió y les dio el camino de la ciencia; ellos perecieron por su falta de discernimiento, perecieron por su insensatez." (Baruc 3:26, 3:27 ,3:28) El Libro de la Sabiduría apunta lo siguiente: "...así también, al comienzo, cuando murieron los orgullosos gigantes (Nephilim), la esperanza del mundo se refugió en una balsa (el Arca de Noé) que, conducida por tu mano, dejó al mundo la semilla de una nueva humanidad." (4:6) Como siempre sucede cuando rastreamos una raza mitológica en la Biblia, las cosas pueden tornarse confusas rápidamente. En Números los Nephilim vuelven a aparecer a pesar de que antes se nos informó que todos habían sucumbido en el Diluvio: "...cuando Moisés envió a los espías a la tierra de Canaán, regresaron con la noticia de que allí habitaban gigantes (nephilim)" (Números: 3:33). "...también vimos gigantes (nephilim), hijos de Anac, raza de los gigantes: y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos." (Números 13:34) El Deuteronomio va más lejos en su descripción: "...los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac. Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas. Porque únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre." (Deuteronomio 2:10, 2:11, 3:11) La palabra hebrea Nephilim también aparece en la jornada épica del joven David. "...¿acaso siendo joven no mató a un gigante (nephilim) y extirpó el oprobio del pueblo, cuando lanzó una piedra con la honda y abatió la arrogancia de Goliat?" (Eclesiástico. 47:4) Se nos dirá, y con justicia, que Goliat era un filisteo longilíneo y no una criatura mitológica. Pero Goliat era filisteo y también refaíta. Según la Biblia medía seis codos y un palmo (poco menos de tres metros), y su hermano, Lahmi, también es descrito con la palabra Nephilim. No debemos olvidar que todas estas menciones, a menudo oscuras y poéticas para una interpretación literal, hablan de una raza que desciende directamente de los Ángeles Caídos. Lo recordamos porque hay muchas sabias personas, incluso prudentes y juiciosas, que sonríen tórvamente ante los mitos clásicos, sus razas y criaturas, siendo que ellos mismos adoran un libro que afirma, sin margen para la duda, la existencia de unas gentes de dimensiones colosales que descienden de una estirpe de ángeles cuyo comportamiento haría enrojecer la faz de Afrodita, y reduciría las aventuras eróticas de Zeus a una serie de inocentes tropelías juveniles. Más extraño aún es considerar la contraofensiva divina para mantener a raya los apetitos de los Nephilim. Se dice que Dios, en su infinita sabiduría, envió a una encantadora mujer-ángel, llamada Yecum, para atraer la antención viril de los Nephilim y conducirlos hacia la destrucción. Categoría:Demonios Categoría:Bestiario Categoría:Ángeles Categoría:Leyendas urbanas
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